El balance. El nacimiento de una nueva Polonia

A pesar de que después de la guerra y hasta 1952, se siguió utilizando la antigua denominación República de Polonia, se trataba de un país totalmente distinto al de antes de septiembre de 1939.

El balance de la guerra era aterrador a pesar de que Polonia estaba en el bando de los vencedores. Cerca de 5 millones y medio de polacos perdieron la vida, entre ellos cerca de tres millones de judíos. Un número relativamente reducido (250.000-300.00) perecieron en los campos de batalla, los demás fueron víctimas de las cámaras de gas, los fusilamientos, los bombardeos, del hambre y de las enfermedades. Son incontables los que sobrevivieron a la guerra, pero hasta el final de sus días arrastraron (o siguen arrastrando) secuelas físicas o psíquicas.

El mapa de Polonia con las fronteras establecidas después de la I Guerra Mundial. Polonia dejó de existir con esas fronteras después de la invasión alemana el 1 de septiembre de 1939 y de la Unión Soviética, el 17 de septiembre de 1939.
El mapa de Polonia con las fronteras establecidas después de la I Guerra Mundial. Polonia dejó de existir con esas fronteras después de la invasión alemana el 1 de septiembre de 1939 y de la Unión Soviética, el 17 de septiembre de 1939. Fot. Biblioteka Narodowa (Biblioteca Nacional)

Mapa de Polonia. Las fronteras de después de la guerra.  Fot. Biblioteka Narodowa (Biblioteca Nacional)
Mapa de Polonia. Las fronteras de después de la guerra. Fot. Biblioteka Narodowa (Biblioteca Nacional)

De las fronteras de antes de la guerra, únicamente “sobrevivieron” la frontera marítima y la meridional. Todo el país, en contra de la voluntad del pueblo y de las legítimas autoridades, fue desplazado del este hacia el oeste. En compensación por los territorios orientales (en polaco llamados Kresy – Confines. Ndt), Polonia recibió las tierras alemanas al este de los ríos Oder y Neisse Lusacio llamados propagandísticamente Tierras Reconquistadas.

Con las nuevas fronteras, Polonia tenía 75.000 km² menos que antes de la guerra. Asimismo, había cambiado su estructura étnica. Como consecuencia del exterminio de los judíos, de las limpiezas étnicas y las deportaciones de después de la guerra, Polonia se convirtió en un país prácticamente homogéneo étnicamente. La guerra socavó de tal manera las relaciones entre los polacos y los alemanes y los ucranianos que éstas se siguen reconstruyendo aún. La mayoría de las ciudades fueron destruidas, empezando por la capital, convertida en un mar de ruinas. La industria, la agricultura y las comunicaciones estaban arruinadas.

A pesar de eso, la sociedad polaca miraba el futuro con optimismo, iniciando de manera espontánea la reconstrucción y confiando en una nueva Polonia democrática, justa y próspera, lo que tardó medio siglo en hacerse realidad. Paradójicamente, la memoria de la guerra ayudó en ese proceso ratificando las palabras de Józef Piłsudski pronunciadas en diciembre de 1918 “Ser vencido y no rendirse es una victoria, vencer y dormirse en los laureles, es una derrota”.

Varsovia, 12 de mayo de 1946. Desfile de los participantes en el Congreso Nacional de los Delegados de los Comités Ciudadanos del Préstamo para la Reconstrucción del País Fot. Stanisław Dąbrowiecki / Polska Agencja Prasowa (Agencia de Prensa Polaca)
Varsovia, 12 de mayo de 1946. Desfile de los participantes en el Congreso Nacional de los Delegados de los Comités Ciudadanos del Préstamo para la Reconstrucción del País Fot. Stanisław Dąbrowiecki / Polska Agencja Prasowa (Agencia de Prensa Polaca)