„Enigma”

No solamente en las trincheras se ganan las guerras, sino también en el silencio de los laboratorios científicos. La II Guerra Mundial probablemente hubiese durado bastante más si no fuera por los matemáticos polacos que rompieron los códigos de „Enigma”.

„Enigma” era el nombre de una máquina de cifrado utilizada por el ejército y el servicio diplomático alemanes en el período de entreguerras y durante la II Guerra Mundial. Este aparato despertó un lógico interés del (contra)espionaje polaco, conocido por sus éxitos en la lucha con los servicios de espionaje de Alemania y la URSS. El código fue roto por tres matemáticos de la Universidad de Poznań: Marian Rejewski, Jerzy Różycki y Henryk Zygalski que colaboraban con la Oficina de Cifrado del II Departamento del Estado Mayor del Ejército Polaco. En 1939 se construyó una réplica de “Enigma” y lo que permitió leer los cifrados alemanes. Para eso se puso en marcha un centro especial de espionaje en la localidad Pyry cerca de Varsovia.

El apartato de cifrado alemán „Enigma”. Fot. Narodowe Archiwum Cyfrowe (Archivo Digital Nacional)
El apartato de cifrado alemán „Enigma”. Fot. Narodowe Archiwum Cyfrowe (Archivo Digital Nacional)

En julio de 1939, ya en un ambiente de preguerra, los polacos compartieron sus logros con los servicios de espionaje francés y británico, haciéndoles llegar réplicas de “Enigma”. Eso permitió a los aliados, sobre todo a los británicos, descifrar los cifrados primero alemanes y posteriormente también los japoneses (Operación Ultra), lo que permitió anticipar los movimientos del adversario y por lo tanto prevenirlos. Los especialistas aliados contaban con el apoyo de los polacos, quienes pudieron ser evacuados en septiembre de 1939 y quienes, después de la derrota de Francia, lograron llegar a Gran Bretaña.

Puede ser que descifrar “Enigma” haya sido la mayor contribución de Polonia a la victoria. Ese mérito, al igual que toda la historia de “Enigma” no salió a la luz hasta los años 70 del siglo XX. Incluso después, la participación polaca fue infravalorada. Sin embargo, últimamente las investigaciones de historiadores polacos y occidentales, confirman la importancia decisiva del trabajo de los matemáticos, ingenieros y oficiales de espionaje polacos.

Los criptógrafos que dirigían la colaboración para el descifrado de los códigos alemanes, 1939–1940. Desde la izquierda: coronel Gwidon Langer (Polonia), coronel Gustave Bertrand (Francia) y el capitán Kenneth McFarlane (Gran Bretaña). Fot. Narodowe Archiwum Cyfrowe (Archivo Digital Nacional)
Los criptógrafos que dirigían la colaboración para el descifrado de los códigos alemanes, 1939–1940. Desde la izquierda: coronel Gwidon Langer (Polonia), coronel Gustave Bertrand (Francia) y el capitán Kenneth McFarlane (Gran Bretaña). Fot. Narodowe Archiwum Cyfrowe (Archivo Digital Nacional)