La resistencia armada

Dos grupos tenían claro en otoño del 39 que iban a emprender la lucha contra el ocupante: los oficiales del recientemente derrotado Ejército Polaco y los jóvenes, nacidos y criados en una Polonia libre. Para todos ellos, la conspiración y la resistencia pasó a ser una experiencia colectiva: se trataba de una generación que pasó a ser conocida a partir de 1957, como „la generación de los Colones” del título del libro de Roman Bratny „Los Colones”.

Inmediatamente después de iniciarse la ocupación alemana y la soviética, surgieron en Polonia numerosas, pequeñas organizaciones de resistencia armada. Creadas por oficiales, scouts, estudiantes, alumnos de enseñanza secundaria, a menudo sin tomar en cuenta las más elementales normas de seguridad, iban siendo liquidadas por el ocupante o absorbidas por las organizaciones más grandes. Prácticamente cada partido político intentó crear su propia fuerza armada. Los populares formaron los Batallones Campesinos, los socialistas la Guardia Popular y el Ejército Popular Polaco, los nacionales la Organización Militar Nacional y las Fuerzas Armadas Nacionales, los comunistas la Guardia/Ejército Popular. Sin embargo, las más importantes eran las estructuras surgidas a partir del otoño de 1939, dependientes del gobierno en el exilio: el Servicio para la Victoria de Polonia, que en noviembre de 1939 fue renombrada como la Unión para la Lucha Armada y posteriormente, en 1942, como Ejército Nacional (EN). El EN, en el marco de una acción de unificación, absorbió a la mayoría de las organizaciones clandestinas (a excepción de las comunistas y algunas nacionalistas). En 1944, tenía cerca de 380.000 efectivos. En el momento decisivo logró movilizar a unos 110.000.

La Unión para la Lucha Armada/Ejército Nacional tenían una Comandancia dirigida por el genera Stefan Rowecki-„Grot” desde 1940 hasta su detención en 1943, posteriormente por el general Tadeusz Komorowski-„Bór” (hasta el 2 de octubre de 1944) y el gen. Leopold Okulicki-„Niedźwiadek” (hasta la disolución de la organización el 19 de enero de 1945). La organización del Ejército nacional se basaba en la estructura de un ejército regular, con su estado mayor, justicia militar, pastoral, administración territorial. Desarrollaba sus actividades no sólo en el territorio nacional sino también en Alemania, Hungría y la Unión Soviética con actividades de sabotaje y espionaje.

Soldados del pelotón del subteniente Tadeusz Nowicki alias „Orlik” integrado en la Agrupación del Ejército Nacional „Kampinos” en la operación “Tormenta”, 1944. Fot. Instytut Pamięci Narodowej (Instituto de Memoria Nacional)
Soldados del pelotón del subteniente Tadeusz Nowicki alias „Orlik” integrado en la Agrupación del Ejército Nacional „Kampinos” en la operación “Tormenta”, 1944. Fot. Instytut Pamięci Narodowej (Instituto de Memoria Nacional)

El Principal objetivo del ejército clandestino era el levantamiento general. Sin embargo, las autoridades en el exilio se oponían desde el principio a una actividad excesiva de la resistencia armada (sobre todo de la guerrilla) temiendo represiones contra la población civil. Por lo tanto, se intentó limitar sus actuaciones a tareas de propaganda, espionaje, sabotajes, protección de la población, ejecuciones de colaboracionistas o de los más peligrosos representantes de las fuerzas de ocupación. En total, en entre los años 1940-1944 se realizaron más de 730.000 acciones.

La lucha armada abierta se inició a mediados de 1944, con la llamada operación “Tormenta” (“Burza” en polaco; ver) que culminó con el estallido del levantamiento de Varsovia, el más largo y sangriento enfrentamiento de las tropas polacas y alemanas después del de septiembre de 1939. Su derrota también supuso el final de la actividad del Ejército Nacional que únicamente se dedicó a proteger a la población civil. El 19 de enero de 1945, una semana después de iniciarse la gran ofensiva del Ejército Rojo, el general Okulicki firmó la orden de su disolución. Siendo consciente que la lucha no había llegado a su fin, ordenó mantener las estructuras organizativas básicas y ocultar las armas. Así se inició una nueva época en la historia de los movimientos clandestinos polacos, en la que aunque cambiara el adversario, el objetivo perseguido seguía siendo el mismo: una Polonia democrática.