Los aliados y la cuestión polaca

Se suponía que la participación de las unidades polacas en la lucha iba a poder asegurar una posición adecuada para abordar la “cuestión polaca”. Sin embargo, no eran los polacos podían ser capaces de decidir, sino que era una cuestión de geopolítica adversa a a los intereses de la República polaca. A pesar de ser un aliado apreciado y valiente, era – según las potencias occidentales, - también una fuente constante de conflictos superfluos.

La fuente del conflicto estaba en la parte oriental de Polonia, en las regiones a las que aspiraba la URSS (y que conquistó en septiembre de 1939). Al igual que en 1939, los franceses no quisieron morir para defender Gdañsk, así los británicos no iban a luchar en defensa de Vilna y Leópolis. Las disensiones aparecieron cuando, en junio de 1941, Moscú se convirtió en aliada de Londres y luego de Washington y el Ejército Rojo tuvo que luchar en solitario en Europa. Primero Churchill y luego Roosvelt, fueron capaces de sacrificar las tierras polacas, incluso dejar a todo el país en manos soviéticas para tranquilizar y satisfacer a Stalin.

Sikorski fue obligado a firmar el tratado con Stalin (Ver: Katyń) en el que se obviaron totalmente las cuestiones fronterizas. El empeoramiento de las relaciones entre la URSS y el gobierno polaco fue paralelo al enfriamiento de la relación con los aliados occidentales. A Churchill le venía muy bien la ruptura de las relaciones polaco-soviéticas en abril de 1943. Así, podía negociar con Stalin a espaldas de los polacos, sobre todo a partir de que el general Sikorski, muy apreciado entre los aliados, muriera en un accidente aéreo el 4 de julio de 1943. Su sucesor, Stanisław Mikołajczyk no gozaba del mismo reconocimiento.

El mapa preparado por la parte americana con la propuesta de modificación de la frontera oriental de Polonia, presentado en la conferencia de Teherán en 1943. Finalmente se aceptó el trazado de la línea E. Se aprecian las correcciones en rojo de José Stalin. Fuente: „Od wojny do zwycięstwa 1939–1989”, catálogo de la exposición de Biuro Edukacji Publicznej IPN (Oficina de Educación Pública, Instituto de Memoria Nacional),Varsovia, 2014, pág. 93
El mapa preparado por la parte americana con la propuesta de modificación de la frontera oriental de Polonia, presentado en la conferencia de Teherán en 1943. Finalmente se aceptó el trazado de la línea E. Se aprecian las correcciones en rojo de José Stalin. Fuente: „Od wojny do zwycięstwa 1939–1989”, catálogo de la exposición de Biuro Edukacji Publicznej IPN (Oficina de Educación Pública, Instituto de Memoria Nacional),Varsovia, 2014, pág. 93

Churchill y Roosvelt acordaron entregar el este de Polonia (recompensándola con terrenos de las derrotada Alemania) y desplazar el territorio de Polonia hacia el oeste en la conferencia de Teherán (28/11-01/12/1943), sin el consentimiento ni el conocimiento de la parte polaca. Las protestas polacas no iban a fructificar en nada, dado que Stalin tenía argumentos más fuertes, el fracaso de la operación “Tormenta”, la instauración de autoridades dependientes al oeste del río Bug, y finalmente la derrota del levantamiento de Varsovia. Así, podía exigir no solamente la parte este, sino el sometimiento de toda Polonia.

La gran ofensiva soviética empezó el 12 de enero de 1945, llegando en tres semanas al río Óder, generando un marco muy cómodo para la conferencia de Yalta iniciada el 3 de febrero de ese mismo año. Se habló no tanto de las fronteras polacas, como de su futuro gobierno decidiendo incorporar al Gobierno Provisional polaco dominado por los comunistas a “representantes democráticos” del exilio y del interior del país. El nuevo gobierno iba a ser reconocido por los aliados y celebrar elecciones libres. Las negociaciones para la creación del Gobierno Provisional de Unidad Nacional se iniciaron en Moscú en junio de 1945. Al mismo tiempo y como elemento de presión, se celebró en la capital soviética el juicio de los líderes de la Polonia clandestina (el llamado juicio de los 16). Después de eso, los aliados retiraron el reconocimiento al legítimo gobierno polaco de Londres y se creó un nuevo gobierno. La conferencia de Potsdam (17/07/-2/08/1945) se limitó a corroborar el estado de cosas existente, redefiniendo no solamente el mapa de Europa sino del mundo entero para más de medio siglo.