Varsovia – Katyń – Auschwitz – Montecassino – Lenino

Cualquier país que participa en una guerra tiene el derecho de hacer valer sus propios sufrimientos y sus pérdidas, sus victorias y su heroicidad. En esta presentación no se trata tanto de demostrar la excepcionalidad del papel de Polonia en la II Guerra Mundial, sino de la particularmente compleja, e incluso a veces paradójica, configuración de sus destinos.

En el destino de Polonia influyó su ubicación entre dos imperios, Alemania y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) que en 1939 se repartieron el territorio polaco. El primero de ellos fue enemigo hasta el final, el segundo se convirtió en un aliado que – paradójicamente – quitó a Polonia la mitad de su territorio con el consentimiento – otra paradoja – de los aliados occidentales, Gran Bretaña y EEUU. Se trataba de aliados a cuyo lado los soldados polacos lucharon durante toda la guerra, en el Este y en el Oeste, en Francia, sobrevolando Inglaterra, en el Atlántico y en el Mar del Norte, en Montecassino en Italia. Al finalizar la guerra, había alrededor de 600.000 soldados en todas las unidades militares polacas en Occidente y en el Este. Se trataba del quinto contingente militar en cuanto a número, precedido por la URSS, EEUU, Gran Bretaña y China (¡por delante de Francia!). Mientras los soldados polacos que lucharon al lado del Ejército Rojo pudieron participar en el desfile de la victoria en Moscú, a los que pelearon junto con los aliados occidentales se les negó el derecho a participar en el desfile londinense. Al mismo tiempo, desde la derrota de Polonia en septiembre del 39 hasta finales de 1944, hubo numerosos ciudadanos polacos de antes de la guerra que vistieron uniformes de la Wermacht, obligados a ello en la mayoría de los casos. Varias decenas de miles de entre ellos pasaron a formar parte posteriormente de las Fuerzas Armadas Polacas en Occidente.

No se puede comparar el número de víctimas de la ocupación alemana y la soviética; no obstante ambos agresores cometieron actos terribles. La masacre de los oficiales polacos en Katyń se convirtió en el símbolo de los crímenes soviéticos; el campo de Auschwitz en la localidad polaca de Oświęcim, creado para polacos, se convirtió en la mayor fábrica de muerte para judíos, tanto los procedentes de las tierras de Polonia, como los de toda Europa.

A pesar toda la brutalidad de la represión, todo un estado clandestino sin precedentes, con autoridades civiles y un poderoso ejército secreto, logró surgir. A pesar de que el ocupante desproveyó Varsovia de su condición de capital, ésta siguió siendo el centro político, cultural y económico polaco. La defensa de la ciudad en 1939, el espectacular movimiento de resistencia, la insurrección del gueto (abril-mayo de 1943), el posterior levantamiento de agosto-septiembre de 1944, el éxodo de sus habitantes y la destrucción de la ciudad han sido un cúmulo realmente excepcional de experiencias en la Europa en guerra.